Por Josué Meneses, ingeniero industrial y maestrando del programa de Dirección de Empresas Industriales y de Servicios de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos.

 

Todos buscamos mejores resultados, en la salud, en los salarios, y en nuestro estilo de vida. Las empresas también desean mejorar, es un sentimiento que todos tenemos en común. Pero, ¿Qué es lo primero que hay que hacer cuando se busca mejorar? Primero, tenemos que saber nuestra situación actual, cómo estamos en realidad. Es ahí donde toma importancia la medición, el poder de la información, el valor de saber dónde estamos parados, de dónde partimos, y recién ahí saber a dónde queremos ir.

Tomando como ejemplo la gestión de las finanzas personales, se debe empezar por entender cuáles han sido los gastos. Podemos iniciar anotando en qué gastamos diariamente, los pagos que hacemos a fin de mes, que usualmente son más fuertes, son lo más fáciles de identificar; sin embargo, al llevar un control diario de gastos, encontramos ese café que nos gusta en las mañanas, los almuerzos de negocios, las salidas con amigos, y ese antojo que, a pesar de no ser muy costoso, a lo largo del mes llega a ser significativo. Los que hemos puesto en práctica este ejercicio, sabemos que podemos llevarnos una sorpresa en la manera cómo se diluye el dinero. Sin la medición, no podemos obtener el panorama real de la situación, y probablemente las decisiones que tomemos sean erróneas.

Antes de ejecutar un proyecto o una acción en búsqueda de la mejora continua, se debe asegurar que la información con la que contemos sea verídica. Para una correcta medición se debe asegurar, ¿Qué medir?, ¿Dónde medir?, ¿Cuándo medir?, ¿Cómo medir? y ¿Quién va a medir?, y trabajarlo de manera estandarizada, para obtener solo información que nos ayude a observar la situación actual. Ya teniendo la información necesaria, se puede estratificar las pérdidas por medio de un Pareto, y orientas nuestras acciones de una manera más consistente.

Sin embargo, a pesar de que nadie negaría la importancia de la medición, muchas veces en la práctica, no se ejecuta o se realiza una medición de manera superficial, lo que no nos proporciona información confiable. Esta situación se da, cuando nos preocupamos más en tener resultados rápidos que en construir un proceso robusto.

En conclusión, debemos enfocar nuestra energía en asegurar un correcto funcionamiento de nuestro sistema de medición, para obtener datos que nos ayuden a comprender nuestra situación actual, estratificar las pérdidas, y sobre todo tomar decisiones en base a la información adquirida, siempre asegurando construir un proceso robusto, más que conseguir resultados de manera precipitada, y considerando que lo que se mide, se controla, lo que se controla, se mejora.

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